Exigirse para exigir

Formar futbolistas hoy

Formar futbolistas hoy: el desafío de educar en la era de la exposición

Fútbol.Pasión


El fútbol juvenil cambió, y no solo dentro de la cancha. Cambió el entorno, las dinámicas sociales, la forma de comunicarse y también la manera en que muchos jóvenes viven el deporte. Hoy los chicos están más expuestos que nunca, y ese fenómeno trae oportunidades, pero también desafíos que padres y formadores no pueden ignorar.

La difusión del deporte es algo positivo. Las fotos, los videos, los registros de partidos, el trabajo de comunicadores y fotógrafos cumplen una función fundamental: documentar, visibilizar, motivar y darle valor al esfuerzo. Nadie puede negar que hoy el fútbol llega más lejos gracias a la imagen.

El problema aparece cuando esa exposición deja de ser una consecuencia del trabajo y pasa a convertirse en el objetivo principal. Cuando el chico empieza a pensar primero en cómo se verá después del partido y no en cómo jugará durante el partido. Cuando la validación externa empieza a pesar más que la superación personal.

Muchos jóvenes ya no se desvelan en fiestas como antes, pero sí se desvelan frente a una pantalla, consumiendo contenidos, respondiendo mensajes, haciendo transmisiones en vivo o esperando reacciones. Eso afecta el descanso, el entrenamiento y la recuperación física. La ciencia es clara: dormir menos de siete u ocho horas reduce de manera considerable el rendimiento deportivo, la concentración y la capacidad de aprendizaje.

Pero el cambio más profundo no está solo en el cuerpo, sino en la mente. Antes, el gran sueño del juvenil era llegar a un club grande, debutar en Primera, hacer una carrera larga. Hoy, en algunos casos, el sueño se acorta: ser reconocido rápido, ser comentado, ser viral. No todos piensan así, pero cada vez son más los que sienten que la exposición temprana equivale al éxito.

Aquí es donde el rol del entorno se vuelve determinante.

Muchos padres, familiares y hasta entrenadores —con la mejor intención— terminan instalando una idea peligrosa: hacerle creer al chico muy pronto que ya es un crack, que ya llegó, que ya es una figura. Ese mensaje, lejos de fortalecerlo, muchas veces lo debilita. El juvenil empieza a creerse su propia versión idealizada, baja la autocrítica, pierde humildad y frena su proceso de crecimiento cuando apenas está empezando.

La psicología deportiva moderna advierte que la sobrevaloración temprana del talento puede generar estancamiento prematuro, baja tolerancia a la frustración y abandono temprano del deporte. El problema no es que el chico destaque, el problema es que deje de aprender.

También es importante entender que la exposición permanente genera ansiedad. El chico ya no solo compite contra rivales, también compite contra las expectativas, contra el qué dirán, contra los comentarios. Se vuelve más sensible al error, menos paciente con los procesos y muchas veces más frágil emocionalmente.

Por eso, hoy formar futbolistas implica mucho más que enseñar a patear una pelota.

Los formadores tienen el desafío de volver a instalar valores básicos que nunca deberían perderse: disciplina, constancia, respeto, paciencia y sacrificio. Enseñar que el banco de suplentes también forma, que el error también enseña, que nadie se hace en un año lo que lleva toda una carrera construir.


Los padres, por su parte, cumplen un rol central: acompañar sin presionar, apoyar sin sobreexigir, alentar sin inflar egos. Decir “jugá, aprendé, equivocáte” es mucho más sano que decir “ya sos el mejor”. El talento necesita tiempo, no apuros.

Las redes, la imagen y la difusión son herramientas valiosas cuando acompañan el proceso. Se vuelven un problema cuando lo reemplazan.

El fútbol sigue siendo lo de siempre: esfuerzo, perseverancia, caídas, sacrificios, mejoras silenciosas y metas a largo plazo. Ninguna foto refleja el cansancio de los entrenamientos. Ningún video muestra el esfuerzo invisible. Y ningún reconocimiento temprano garantiza una carrera duradera.

Hoy, más que nunca, formar futbolistas es formar personas. Ese es el verdadero partido que padres y formadores están llamados a jugar.

Por Marco Fariña

Caacupé, 28 de noviembre de 2025.

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